Cuento: el príncipe y el mago
El príncipe y el mago
En esta oportunidad los invitamos a reflexionar sobre una temática importante, generadora de críticas, la cual es actual y contemporánea: la manipulación. Esto sucede cuando un individuo o grupo de individuos ejerce una toma de control del comportamiento de una persona o de un grupo, utilizando para ello técnicas de persuasión o de sugestión mental, en busca de eliminar las capacidades críticas o de autocrítica de la persona.
Al terminar de leer el texto cuéntenos:
- ¿Qué opinás sobre lo que le hizo creer el rey al príncipe? ¿y lo que le hizo creer el primer mago?
¿Si fueras el príncipe, seguirías haciendo lo que hacen los “magos”?
¿Distinguís algún momento de tu vida en el que te viste manipulado de alguna forma similar?
El príncipe y el mago
Había una vez un príncipe al que le gustaba observar y recapacitar sobre todo lo que veía. Y creía en todo, menos en las princesas, las islas y en Dios. Su padre le había dicho que estas tres cosas no existían y él, como no había visto nunca princesas, islas ni a Dios, creía a su padre.
Pero un día, el príncipe decidió salir del reino. Sentía grandes deseos de conocer otros mundos. Y después de cabalgar durante bastante tiempo, llegó hasta el mar. Y a lo lejos vio unos pedacitos de tierra que le parecieron islas, y en ellas, se movían con elegancia unas mujeres que lucían vestidos lujosos.
Al príncipe le entró curiosidad y quiso acercarse a esa isla, y comenzó a buscar algún bote. Entonces, un hombre se le acercó y le preguntó:
– ¿Qué buscas?
– Oh, busco un bote, porque quiero acercarme a aquel lugar… – dijo señalando a la isla.
– ¿A esa isla?
– ¿Es una isla? Entonces… ¿existen las islas?
– ¡Claro que existen!
– Vaya… ¿y quiénes son esas mujeres de la isla?
– Son princesas- respondió el hombre, que iba muy elegantemente vestido.
– Así que existen las princesas… solo falta que me digas que existe Dios.
– Claro que existe. Soy yo.- dijo entonces el hombre haciendo una reverencia.
El Príncipe se quedó atónito, y decidió volver al castillo de su padre. Al llegar, le dijo muy enfadado:
– ¡Me has mentido! ¡Me dijiste que no había islas, princesas ni Dios! ¡Y ahora sé que existe!
Su padre contestó con calma:
– ¿Y cómo sabes que existen?
– ¡Los he visto! ¡También he conocido a Dios!
– Y ese Dios… ¿vestía de forma elegante y llevaba las mangas recogidas?
– Sí.
– Te han engañado, hijo. Es un mago. Le conozco…
– ¿Un mago?
El príncipe, más enfadado aún, fue a buscar al mago y le dijo:
– ¿Por qué me engañaste? Ahora sé que eres un mago y me has hecho ver lo que tú has querido que vea… Ahora sí creo más aún a mi padre.
– ¿Tu padre? ¿Ese que dice ser rey? ¡Él también es un mago!
El príncipe no supo qué decir. Regresó a casa de su padre y le preguntó:
– ¿Es verdad que eres un mago?
– Sí, es verdad…
– ¡Me volviste a engañar! ¿Por qué me haces esto? Ahora mi vida no tiene sentido. Todo es mentira… ¡Prefiero morir!
Entonces, el rey (mago) hizo aparecer a la muerte y ésta llamó al príncipe. Pero cuando el joven iba a ir hacia ella, le entró un escalofrío y dio marcha atrás. Recordó entonces las islas falsas pero hermosas y las princesas falsas pero bellas y dijo:
– Está bien, padre, puedo aceptar que seas un mago.
– Bien, hijo- contestó él- Tú también comienzas a serlo.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarBUEN CUENTO LO RELACIONO CON " LA PARADOJA DE ABILENE"
ResponderEliminar